De cómo el Crápula encontró a la mujer de la rima
Era una noche fría, a pesar de que ardían los edificios. El Crápula apareció, como no podía ser de otra forma, con camisa y zapatos: ropa de botellón. Se le habían señalado los objetivos válidos, se le había advertido (pero no con la suficiente contundencia, ya que por entonces aún no se conocían sus enfermizas tendencias) pero el Crápula no atendía a razones, él iba a por todas. La noche avanzaba, la gente se embriagaba, el Crápula se degradaba. Empezó hablando por "compromisos sociales" con toda mujer o similar que encontró.
Llegados a este punto cabe resaltar la trayectoria descendente del Crápula (bajó el listón hasta que salió por las antípodas). Comenzó charlando con chicas que pueden ser calificadas como tales (cierto es que tenían novio, pero eso no era, ni por asomo, un impedimento para él).
Conforme la noche envejecía, la desesperación del Crápula iba aumentando, de modo que cuando se acercaba la hora de recogerse, había surgido su verdadera naturaleza. El resto le observaban extrañados, no se explicaban qué estaba haciendo. ¿Acaso había perdido la vista? En la mirada del Crápula se veía un brillo de orgullo, creía haberse adelantado a todos, pensaba que había vencido, cuando en realidad nadie había competido con él.
Lo que más tarde pasó nadie lo sabe (el subconsciente es demasiado sabio como para permitir que aquéllos que lo vieron lo recuerden) pero se cuenta que aún a día de hoy, cuando el Crápula se encuentra con ella es incapaz de contenerse y ataca como si la vida le fuera en ello.
Llegados a este punto cabe resaltar la trayectoria descendente del Crápula (bajó el listón hasta que salió por las antípodas). Comenzó charlando con chicas que pueden ser calificadas como tales (cierto es que tenían novio, pero eso no era, ni por asomo, un impedimento para él).
Conforme la noche envejecía, la desesperación del Crápula iba aumentando, de modo que cuando se acercaba la hora de recogerse, había surgido su verdadera naturaleza. El resto le observaban extrañados, no se explicaban qué estaba haciendo. ¿Acaso había perdido la vista? En la mirada del Crápula se veía un brillo de orgullo, creía haberse adelantado a todos, pensaba que había vencido, cuando en realidad nadie había competido con él.
Lo que más tarde pasó nadie lo sabe (el subconsciente es demasiado sabio como para permitir que aquéllos que lo vieron lo recuerden) pero se cuenta que aún a día de hoy, cuando el Crápula se encuentra con ella es incapaz de contenerse y ataca como si la vida le fuera en ello.
